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Finalmente no ocurrió así. Fue una
decisión propia. Un día, llegando a
casa, me senté bajo una luz tenue y
con un café delicioso al lado. Y
comenzó todo. Las reflexiones
provenían indistintamente por
doquier. Estaba sentado en casa, con
una formidable tranquilidad. Sano.
Puedo presumir que aún cuento con mi
familia cerca. Amigos entrañables
que nunca dejan de estar en mi vida.
Compañeros a quienes les he
aprendido parte de mis
conocimientos. He leído una cantidad
considerable de libros y continúo
estudiando –eso, creo que jamás se
terminará–.
En fin. Tantas experiencias
conjuntas que hoy celebran, junto
conmigo, tres décadas de existencia.
Y eso es lo más importante: celebrar
la vida, los conocimientos, los
amores –llámese familiares, de
pareja, de amistades, de animalitos
de compañía–, los sueños cumplidos…
Celebrar que estamos vivos, que
durante este andar hemos sembrado y
cosechado triunfos y errores; que
nos hemos sabido levantar de tanta
adversidad; que hemos salido
victoriosos de esta constante lucha
por la vida, y que seguimos en una
nueva etapa de la meta.
Y emprendí un desenrede de cada
hebra de comentarios realizados –no
a mí, pero seguramente que ahora los
tomo más en cuenta– sobre los 30.
Todos eran eslabones tan poderosos
que creaban cadenas tan resistentes
difícilmente de fragmentar. Es
cadena se ha alimentado de muchas
cuestiones, todas alimentadas por la
ignorancia: llegar a los 30 años y
ser homosexual es comenzar una dura
pena y enlistarse para decir adiós a
las amistades; de renunciar al amor
y comenzara pagar por él. Fue
catastrófico escuchar todo eso.
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Tantas pociones mágicas han
abanderado los canales de
televisión, los espacios
radiofónicos, las páginas de
revistas y los parabuses consagrando
el mensaje íntegro a la eterna
juventud. Tónicos, bótox, cremas y
ungüentos para quitar las arrugas,
las estrías… todo eso que la propia
naturaleza humana nos regala como
ejemplar único de nuestra enorme
batalla contra el tiempo. Y no
significa que hayamos tenido
victorias nulas por cada plisado que
aparece en nuestra cara, sino que
somos más fuertes y hemos logrado
vencer a la muerte.
“¿30 años? Uy, ya estás anciano”,
“Le tengo miedo a ser viejo, por eso
espero morir antes de cumplir 30”,
“Cuando cumples 30 años es como
firmar el contrato para tu funeral
social”, “Llegar a los 30 años es
comenzar a rogar por amor y sexo”. |
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Muchos homosexuales se deprimen
porque le permiten la entrada a todo
ese virus social que lo único que
hace es envejecer el alma, el
pensamiento. La destrucción es
eminente cuando le entregamos poder
a aquellos que amargamente se dejan
llevar por lo que “todo mundo
exige”.
Entre más acumulación de años más
lúgubre suele sentirse la gente. La
juventud es un enorme regalo, así
como cada etapa de la vida.
En la etapa infantil nos damos el
lujo de no preocuparnos ni ocuparnos
de nada más que de recibir. Sin
dejar a un lado, las carencias que
algunos puedan o no tener.
En la adolescencia, nuestra lucha
constante es contra el juicio propio
que vamos a forjarnos por lo que es
bueno y lo que no, el acné, los
cambios hormonales. A final de
cuentas, nada es bueno y nada malo,
y dependemos, a la vez, de esos
eslabones dentro de nuestra vida
para darle un equilibrio. Y como
alguien me dijo “ahorita eres como
una esponjita: absorbe todo los
conocimientos que puedas; ahora es
cuando”.
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Otro asunto es la juventud de los
20. Bella y magistral juventud
veinteañera que nos permite ir de un
lado para otro, de hacernos hombres
y mujeres de provecho, luchando por
nuestros sueños y buscando las
oportunidades para tener una mejor
calidad de vida.
Las posibilidades que nos brinda la
juventud, según así lo deseemos, es
el puente para una mejor estancia
dentro de nuestro camino: elegir a
las personas que queremos para
nuestra vida, mantener a las que ya
están en ella; consolidar nuestros
sueños, creándonos otros cada vez
más complejos; trabajar por
conseguir nuevas oportunidades; ser
responsables y honestos con nosotros
mismos. |
El sexo es un paraíso
interminablemente descubierto y las
experiencias nos envuelven, en
muchas ocasiones de manera
irresponsable y de riesgo. Cometemos
muchos errores y nos da miedo asumir
las consecuencias; pero luchamos por
salir bien.
Al abrir la tercera puerta de
nuestra vida, la de los treinta, nos
abrimos a un cosmos mucho más
elaborado; y cómo no, si se supone
que ya estamos preparados para
comenzar esta competencia en la que
sólo nosotros saldremos victoriosos
o derrotados. Somos ese grupo de
hombre y mujeres que estamos listos
para gobernar nuestro propio
entorno, dejando a un lado
mezquindades y poner los pies bien
puestos sobre la tierra. Somos
hombres y mujeres listos para
preparar a nuevas generaciones con
nuestras experiencias, con nuestras
bondades y errores. Entablamos una
delicada, pero firme, comunión con
nuestro interior, empezamos a
madurar de verdad.
Buscamos, la mayoría, otro tipo de
relaciones, ya no tan fugaces ni tan
superfluas. Buscamos compañerismo y
amistad en nuestros encuentros. Y si
bien, aprendemos a decir “no” tal
cuál y suena.
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En mi caso, puedo decir que comienzo
a preocuparme más por lo que como,
el ejercicio, las temperaturas en el
día, sentirme como me veo.
No, la juventud ni las oportunidades
se van cuando estás preparado.
Cuando te sabes fuerte y con mucha
más energía, esa que va acompañada
de cimientos bien sólidos, para
salir a romper bosquejos creados por
otros y tomar decir “éste soy yo, y
nadie más”. |
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Finalmente, mi cumpleaños número 30
se tornó en algunas reuniones,
pequeñas pero enormes en amor y
cariño, esbozadas por amigos,
familia y las personas que más amas
y te aman en esta vida. Una visita
al cine y un delicioso y enorme
pastel.
Y recuerden, “La juventud la
llevamos en el alma y en el
pensamiento”. Recuerden que quienes
discriminan de distintas formas
siguen aportando su granito de arena
para esa enorme montaña de violencia
social.

IMPORTANTE: Copyright © 2012 Israel
Mendoza Torres. La columna ‘Cardinal’,
así como El logotipo y nombre de
‘Cardinal’, están resguardados bajo
los términos del Derecho de Autor.
Prohibida su reproducción parcial o
total sin autorización por escrito de
su autor.
©
La vida no es más que el fruto de lo
que vamos construyendo. No hagamos lo
que no queremos que un día nos hagan a
nosotros; porque el tiempo es sabio y
pone todo en su lugar, tarde o
temprano. . . No hagamos sexo por el
simple hecho de hacerlo; porque las
enfermedades serán la peor
consecuencia… La mejor arma contra la
ignorancia es la lectura; aprendamos a
leer más para ampliar nuevos
horizontes en nuestra mente…

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