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Columna 008:
Sin tregua con el tiempo

 
 
 
CARDINAL®, Responsabilidad y Compromiso Fundamental
 
Por: Israel Mendoza Torres.
 
 

No, no crean que me he ido, la razón por la que he dejado en la sala de espera esta columna, es por dos sencillas razones: 1, Mi computadora personal había sido invadida por virus, así es que la mandé a restaurar.

 

El razonamiento del técnico nunca fue el más profesional, y mucho menos ético. De tres días pasó a más de un mes (y sólo decían, es que no están los encargados). En fin.

 

Y punto número dos, estuve ocupando en varias actividades con respecto al retorno que tenía programado a los escenarios musicales, y demás ocupaciones que tomaron mi tiempo sin permiso. Pero ya estoy aquí; de vuelta con todos ustedes.

 

Justo a tiempo

 

Durante la ausencia que tuve para con ustedes, surgieron varios cuestionamientos, dentro de esos momentos de reflexión, concerniente a lo que hemos hecho y lo que somos.

 

Evidentemente todo tiene que ver con el tiempo. Él, que se va sin aceptar tregua alguna. Y nosotros que somos arrastrados por sus brazos a la fuerza (no nos queda de otra). Pero dicen que el camino es mucho más halagador y entusiasta si se hace lo que se quiere; aunque suene algo difícil.

 

Copyright © Steve Walker.

 

Para el tiempo nosotros somos como la arena en el mar, tarde o temprano las olas nos tocarán. Y es que no hay escapatoria. Hagamos hoy lo que tengamos que hacer, porque no sabemos si tendremos el privilegio de ver un mañana (eso es inevitable).

 

El tiempo es la sucesión ilimitada, irreversible y no espacial de instantes en que suceden los acontecimientos; parte de esta sucesión, que se puede medir en relación con el movimiento aparente del Sol; época; estación del año; condiciones meteorológicas; estado atmosférico. Y proviene del latín tempus ‘tiempo, intervalo, duración; época; estación; momento oportuno; momento’” [GÓMEZ DE SILVA, Guido (2006). Breve diccionario etimológico de la lengua española. Edit. Fondo de Cultura Económica, México].

 

• La familia

 

Hemos pasado gran parte de nuestra vida con los seres que conforman nuestra familia (sea de sangre o adoptiva; para el caso, sigue siendo nuestra familia). Ya sabemos que están siempre ahí, que peleamos, que nos divertimos o, quizá, hasta nos dejamos de hablar un tiempo; pero nunca nos ponemos a pensar en que tal vez este día sea el último que pase con mi hermano, hermana, papás, etcétera (¡¡ojo!! Que esto es en serio).

 

Sabemos que los padres nos criaron de acuerdo a sus eslabones ancestrales (costumbres); pero muchas veces no nos ponemos a pensar que hemos permitido que el tiempo haya pasado sin haberlo aprovechado. Y es que ya no hay vuelta a tras. O se hace o ya no se hizo. El amor es el que perdura siempre (desconozco si más allá de la muerte podremos continuar con éste sentimiento, pero sí hasta que la muerte nos sorprenda).

 

Tenemos una familia, nos guste o no; pero la tenemos —Y no lo digo en sentido peyorativo, claro que no—. Y no se trata de aprovechar el tiempo colmándolos de besos y abrazos (que también cuenta mucho; además a quién no le gusta sentirse en los brazos de sus seres queridos… a todos, creo yo), si no que me refiero al aprendizaje que obtenemos de los mayores, incluso de los menores. Porque la vida es un cúmulo de aprendizaje.

 

Nuestros padres han sido los que, de una forma u otra, nos han preparado el camino para emprender la carrera, en donde no hay una sola meta, hay muchísimas más por las cuales hay que trabajar para conseguir llegar a ellas con el mayor éxito posible. Y no es un sermón clásico, sino que ellos ya han recorrido mucho más tramo que nosotros de ese camino incierto. A veces nos parecen sus ideas algo incongruentes con la realidad actual en la que vivimos; pero, dentro de todo ese discurso que nos emiten hay semillas que bien podemos aprovechar. Finalmente, todos tenemos algo que nos hace independientes: el libre albedrío. Y con el libre albedrío podemos decidir con qué quedarnos y qué desechamos.

 

Y qué decir de los hermanos, más grandes o menores que nosotros, pero algo nuevo nos muestran. Incluso nosotros mismos tenemos muchas cosas que manifestarles a ellos y al mundo. Con esto no quiero decir que el tiempo lo utilicemos para dejar que hagan y deshagan como ellos quieran con nosotros (o viceversa), no, para nada; simplemente es tomar de lo bueno y lo malo lo que nos sirva. Porque todo sirve, no hay nada que no nos ayude para resolver o evitar problemas futuros. Todo vale.

El tiempo que huye no puede ser recuperado” [Virgilio, poeta Romano].

 

• La pareja

 

Cuando decidimos integrar a nuestra familia un nuevo componente (no, no estoy hablando del esposo o de la esposa; aunque también es el caso) es porque hay algo dentro de él que nos hace sentir distintos, que nos abre nuevas perspectivas y nuevas ilusiones. Que nos hace aprender a convivir de una manera distinta (sin dejar de ser nosotros mismos).

 

Nunca vamos a saber si será para siempre esa pareja, sí podemos estar seguros de que así lo queremos, pero no hay una garantía que nos haga sentirnos seguros que así será. Sin embargo, todo ese tiempo en el que compartimos con la pareja es distinto al de la familia, al de los amigos y al de la sociedad en general; porque con nuestra pareja somos quienes verdaderamente somos (al menos así deberíamos de ser), porque es con quien compartimos casi todo, es nuestro confidente.

 

El amor es algo insólito. Algunos dicen que no existe el amor eterno, otros decimos que sí. Otros más piensan que el amor es como todos sentimos, y muchos pensamos que es distinto, no hay amor igual (ni siquiera parecido). Lo que tú sientes no es lo mismo que lo que siente tu amigo por su pareja; son sencillamente aquella persona que se convierte en tu amigo, confidente, cómplice, etcétera.

 

Y el tiempo que compartimos con esa persona es para aprovecharlo. Aunque muchas de las veces riñamos, o no comulguemos con la idea de nuestra pareja, no quiere decir que perderemos el tiempo en discusiones que no nos llevarán a nada bueno. Además, las discusiones, siempre nos llevan a buenas negociaciones, que eso debería de ser. Una negociación es que ambos ganen; ni uno más que el otro. Así es que mejor aprovecharlo al máximo, como si fuera el último día.

 

En el caso de los homosexuales, casi siempre nos es mucho más difícil compartir todo el tiempo con nuestra pareja, y más aún cuando uno de los dos (o ambos) se encuentra vinculado estrechamente con las sombras del armario. O porque las actividades que realizamos no convergen con  los demás (y hay que evitar rencillas baratas que no nos harán bien). O qué decir de cuando se vive lejos, el uno del otro. Pero, recordemos que el tiempo es como el viento, roza nuestra piel, pero no se queda arraigado en nuestra presencia. Lo mejor es aprovecharlo al máximo. Sé que suena un tanto difícil, pero también el tiempo te enseñará cómo hacerlo.

 

Debí haberte encontrado diez años antes o diez años después. Pero llegaste a tiempo” [Jaime Sabines, poeta mexicano].

 

• Los amigos

 

Uy!!, los amigos. La verdad es que son pocas las personas que se pueden considerar amigos; pero amigos de verdad. En la mayoría de las ocasiones no tenemos el famoso tiempo para convivir con nuestros amigos; sí, posiblemente sea un razonamiento lógico y entendible. Sin embargo, una llamada es muestra de que siguen en nuestra mente y corazón. No hay necesidad de verse todos los días durante mucho tiempo (porque a veces es complicado); pero sí de vez en cuando. No olvides que ellos siempre están para ti, pero tú también tienes que estar para ellos.

No es el tiempo el que nos falta. Somos nosotros quienes le faltamos a él” [Paul Claudel, escritor y diplomático francés].

 

La sociedad

 

La sociedad ha perdido mucho tiempo en juzgar a los demás. Es decidir, unos cuántos deciden qué está bien y que es lo contrario. Es preferible molestar a los vecinos que realizar actividades provechosas. Es mejor molestar que leer. Y en eso, y más, se pierde el tiempo. De verdad es que no hay la voluntad para mejorar, sólo lo que ya está hecho es lo que vale. Porque no estamos viviendo en una sociedad cognitivamente activa, sino en un letargo. Y ese letargo es propiciado por la misma sociedad. Y se confunde el no perder el tiempo con dependencia e inutilidad, como en el caso de la tecnología que ha venido a abarrotar todas nuestras posibilidades de ser nosotros mismos.

 

Los enfermos con cierto padecimiento terminal saben que el tiempo vale, y vale mucho. Porque ellos sí lo tienen contado, saben que más temprano que tarde se irán. Y nosotros vivimos en incertidumbre, no sabemos cuándo tendremos que partir, así es que lo mejor que podemos hacer es disfrutar y aprovechar el tiempo.

 

De nada sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive. Lo único bueno que puede hacer es intentar mejorarlos” [Thomas Carlyle, historiador y pensador escocés].

 

Lo más conveniente para nosotros y para los demás, es no preocuparnos por las guerras, mejor ocupémonos por implantar día con día la paz. Ya dejemos de meternos con el vecino, mejor pongámonos a leer un buen libro en un cómodo sitio, y basta ya del juicio interesado, metámonos en cómo somos ahora y cómo queremos ser mañana. No perdamos el tiempo, porque es él el que jamás nos lo va a perdonar.

 

 

IMPORTANTE: Copyright © 2007 Israel Mendoza Torres. La columna ‘Cardinal’, así como El logotipo y nombre de ‘Cardinal’, están resguardados bajo los términos del Derecho de Autor. Prohibida su reproducción parcial o total sin autorización por escrito de su autor.

 

© La vida no es más que el fruto de lo que vamos construyendo. No hagamos lo que no queremos que un día nos hagan a nosotros; porque el tiempo es sabio y pone todo en su lugar, tarde o temprano. . . No hagamos sexo por el simple hecho de hacerlo; porque las enfermedades serán la peor consecuencia… La mejor arma contra la ignorancia es la lectura; aprendamos a leer más para ampliar nuevos horizontes en nuestra mente…

 

 

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¡Hasta la próxima!
 

 
 
 
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