CARDINAL®, Responsabilidad y Compromiso Fundamental
 

Columna 017:
Sentimientos obligados a disfrazarse

 
 
 
CARDINAL®, Responsabilidad y Compromiso Fundamental
 
Por: Israel Mendoza Torres.
 
 

En la sociedad de cada nación, existen personas buenas, regulares y malas. Así como lo escuchan. Así es, pero son sólo calificativos que la misma sociedad ha inyectado a sus habitantes.

Los que llevan en sus hombros la palabra “buenos” son todos aquellos que han manifestado tener una conducta propia y sin salirse de lo “normal” en su entorno general.

A los que han caído en momentos de locura social y que por un momento se dirigían a una dirección opuesta a la ya establecida, pero que luego regresaban al camino del “bien” se les nombra “regulares”. Y para nada sorpresa de muchos, a los que de plano no podían ni querían cambiar, los señalaban tajantemente como personas “malas”.

Es decir, a todos aquellos que escogieron echar a ver que su preferencia sexual era hacia una persona de su mismo sexo. Los tiempos cambiaron, hoy en día, es posible ver en todo momento, y en todos lados, que los hombres y mujeres se dejan ver sin ningún problema tal y como son: homosexuales.

 

Pero también, existen personas, que simplemente no han querido declarar que son homosexuales. Y es muy valido ésta forma de pensar, pues a nadie se le obliga a decir algo que implica revelar su vida privada ante los demás. Y su elección de vida tiene que ser respetada por el resto.

 

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Cuando una persona se encuentra en un sector muy marginado, como lo es la homosexualidad, hace hasta lo imposible para que no se den cuenta de su verdadera inclinación sexual y amorosa. Limitaciones y dudas surgen y hacen que las ideas den vueltas y más vueltas dentro de una encrucijada en el cerebro. La vida de muchos homosexuales es envuelta en ésta y muchas más sugestivas polémicas.

 

“¡Pobre maricón closetero!” “¡Está amargado por no poder salir de su clóset!”. . . frases como éstas, son hechas por los que ya han salido y critican la forma de vida de los que aún no se han decidido a mostrar al mundo quienes son. El respeto es lo que buscan los que ya han salido de más de un clóset; pero, no respetan a los que aún no quieren hacerlo. El que no acepten su situación homosexual ante los demás, no los hace ni amargados, ni malos, ni anti-homosexuales, para nada; simplemente es la elección de vida que todos tenemos derecho a tomar.

 

El hombre homosexual tiende a ser anzuelo de críticas sumamente destructivas, rechazos y muchos factores más, que son envolturas que los asfixia desde que se dan cuenta que su gusto son los hombres. Incluso, cuando un hombre, en su etapa infantil muestra signos de tendencias afeminadas, le es consignado por la familia, amistades, vecinos, como un “raro”, “maricón”, “puto”, “desviado”, “niñita”, etc. Y eso, es un golpe terrible para la autoestima del niño. Es peor un maltrato psicológico que físico.

 

En cuanto a la familia, el primer indignado y con fuertes decepciones por no tener al hombrecito que tendría que ser, es el padre. Con lo que respecta a la madre, pues invade un enorme dolor por saber la verdad de su hijo; algunas (y en su mayoría) terminan respetando la vida de su hijo; otras, simplemente no lo hacen. Se piensa que es una enfermedad, que son síntomas de la adolescencia, y como tales, serán pasajeras.

 

Al momento en que llega la etapa de la adolescencia, es cuando el niño comienza a definir sus orientaciones sexuales de una manera más marcada. En la escuela comienza a tener más amigas que amigos; las reuniones deportivas, son pocas, si se trata de fútbol. A menos que esté en la banca, prefiriendo tener un mejor espectáculo, las piernas o caras de los jugadores a la vista.

 

Conforme el crecimiento es inevitable, las muestras de rechazo es constante, y la decisión de “cambiar” es latente entre las venas de éstos hombres.

 

Y optan por mantener una vida de heterosexual (buga) para hacerse su vida más fácil. Aunque esto les cueste la felicidad de hacer lo que a ellos les gusta, estar con un hombre que quieran o amen. Y por éstas y más razones, los hombres al crecer toman la decisión de no decir que son gays, que jamás tendrán una nuera en la familia, sino un yerno.

 

Lo que no es valido, al estar en el clóset, es que se engañe o lastime los sentimientos de terceras personas. Pues al llevar una vida de heterosexuales, la asumen como tan al cien por ciento. Se casan con una mujer, que solo le cae bien, pero que no le ama ni lo hará, pues el sexo femenino no está dentro de sus gustos. Es por ello que vemos a casados que buscan una aventura con hombres, pues es el caso de los que se casaron y a escondidas realizan su deseada vida.

 

Es respetable, y valido también, cuando en todos los sitios se ha manejado como hombre “normal”, y aunque tenga una relación con otro hombre, y no sea de la vista pública, la mantiene. Pues ahí, no está lastimando los sentimientos de nadie. A pesar, de que en esos momentos de reflexión le gustaría que todos supieran que está con un hombre al que ama y que le quiere para su compañero de toda la vida; pero no lo hace, desea que el tiempo lo defina todo y para él está bien. Y así tiene que estar, pues nadie, tenemos el derecho de criticar la forma de vida de nadie.

 

Entonces, el guión que ellos escribieron durante su adolescencia repercute en su vida de joven y lo que resta. Ya se unirán los actos que surjan cuando esté en pareja con otro hombre y decidan escribir su propio guión. Los que ya gozan de una relación así, pues la mejor forma de llevar esa relación es sin duda la confianza, comunicación, respeto, apoyo y; por su puesto, el amor.

 

 

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© La vida no es más que el fruto de lo que vamos construyendo. No hagamos lo que no queremos que un día nos hagan a nosotros; porque el tiempo es sabio y pone todo en su lugar, tarde o temprano. . . No hagamos sexo por el simple hecho de hacerlo; porque las enfermedades serán la peor consecuencia… La mejor arma contra la ignorancia es la lectura; aprendamos a leer más para ampliar nuevos horizontes en nuestra mente…

 

 

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