CARDINAL®, Responsabilidad y Compromiso Fundamental
 

Columna 026:
El ser padre de un homosexual no significa un fracaso

 
 
 
CARDINAL®, Responsabilidad y Compromiso Fundamental
 
Por: Israel Mendoza Torres.
 
 

Dibujemos una escena de la vida real. Un muchacho, de escasos 16 años, va tomado de la mano de otra persona que le ha despertado emociones dentro de su ser —jamás antes experimentadas en su corta vida—.

 

Recorriendo las calles, se les ocurre besarse. Tres hombres comienzan a importunarlos. Uno de estos sujetos los aborda y termina por agredirlos. Los otros dos le secundan.

 

Los pobres chicos molidos a golpes, sangrando y casi sin fuerzas se levantan y se dan cuenta de que han estado expuestos al ojo morboso de la gente que se detuvo a mirar —solamente a mirar—. No hubo una mano solidaria que los levantara. Ellos solos. El uno para el otro.

 

Porque a pesar de que la gente a su alrededor se dio cuenta de lo sucedido, pensaba “se lo merecen”. Así, con esos ojos inquisidores.

 

Te preguntarás ¿por qué agredieron a éstos jovencitos si nada más se dieron un beso? Pues sí, eso todos nos preguntamos ¿por qué? La respuesta que los agresores emitirían sería “pus por putos”. Sí, leíste bien, “por putos”; y es que los dos jovencitos eran dos iguales de sexo, dos varones, y ¿eso fue el problema, el motivo y la razón de la agresión? ¿Verdad que apesta éste tipo de mentalidades?

Ahora, imagínate que uno de esos chicos violentados fuera tu hijo, ¿propinarías el golpe que pudiera faltar?, porque, claro, los agresores no estaban mal, lo estaban los chicos.

 

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Una aseveración machista y mal respaldada. Lamentablemente aún persiste en la sociedad la discriminación hacía las personas, hombres o mujeres, que deciden llevar su orientación sexual encaminado al de sus iguales emocionalmente.

 

Pero te has dado cuenta de que tu hijo, lejos de lo que prefiera sexualmente hablando, sigue siendo aquel niño que llevaste durante nueve meses en tu vientre, el niño que consentiste porque hacía reír a todo mundo, el adolescente que se rebeló por sus ideales pero que nunca dejó de amarte. Ese que un día llegó a casa mugroso porque tuvo una riña en la escuela tratando de defenderte. El mismo que, por la ley de la naturaleza, será un lazo que nunca podrás fragmentar.

 

La agresión física uno de los tantos conflictos

 

El problema por los que se enfrenta el homosexual no solo es la agresión física en las calles, ¡no!, no creas esto que es una verdadera mentira; existen muchos más.

El primero de ellos, la aceptación. Pues no puede haber aceptación de ellos para ellos cuando sabe, perfectamente, que no la habrá por parte de su círculo familiar; social, intelectual, laboral...

 

Y todo eso lo llevará a confusiones psicológicas. A hacer lo que otros quieren que haga para ser aceptado, vivir en la zozobra por ser descubierto por quien menos quiere, de mentir a grados nunca antes imaginados, a volverse más y más rebelde ante la angustia que está viviendo. Y es que no solamente es señalado por los demás, sino también por él mismo. Y ése, ese es el peor de los problemas.

 

Esa falta de aceptación conllevara a muchos otros problemas que lo irán sumergiendo en un pozo en el que al tratar de regresar ya no habrá salida.

 

 

La policía en muchas de las ocasiones abusa de su autoridad para sobornar a los chicos que ven besándose o tomados de la mano, les pide dinero a cambio de no llamarles, sí, a ustedes sus padres que creen que es un jovencito “normal”.

 

Y claro que es normal, pero a la vez tan distinto como ustedes lo son; como todos lo somos. Cobardemente, aquellos que se dicen estar para protección de los ciudadanos, logran someter a los homosexuales ante el miedo a un escándalo familiar.

 

Las violaciones no son exclusivas agresiones físicas, sexuales y psicológicas de la mujer; también cuando se dan cuenta de que un chico es homosexual es violado. Pero los violadores no se consideran homosexuales, solo le dieron “lo que el chico estaba pidiendo” —a juicio de ellos—; vaya que son aberraciones tan estúpidas. Y cuando esto sucede, tiene que callarlo porque sería peor el dar por enterados a sus padres.

 

Sí, y con todo esto tiene que llegar a casa, al hogar que con esfuerzos has logrado construir; pero, ¿con quién podría desahogarse tu hijo? ¿Contigo? ¿Realmente le escucharías y, sobre todo, respetarías su sexualidad? ¿Te importaría si tu hijo se uniera en pareja con otro hombre? O ¿permitirías que tu hija se besara con otra mujer?

 

Porque al fin y al cabo es tu hijo. Has trabajado por toda tu familia, has hecho la comida para que todos tus hijos tengan que llevarse a la boca después del regreso de clases, has llorado cada una de sus enfermedades, has peleado por ellos… ¿todo el amor que le tuviste desde que supiste que venía en camino se va a la basura por que te dijo que era gay? Creo que tendrías que sentarte a reflexionar sobre el valor que le das a las cosas, y si ese valor vale más o menos que tu hijo sea homosexual.

 

Sí, nadie es perfecto, incluso tú como padre has fallado, pero muchas de las veces has estado en el cuadro de honor de los corazones de tus hijos, has sido el orgullo de ellos, te has mantenido como el motor para que ellos salgan adelante.

 

La homosexualidad no es una enfermedad, es una forma de dirigir el amor y la sexualidad hacía una persona del mismo sexo. Eso es todo. Ni es culpa tuya, ni de tu esposo o esposa, ni de las raíces ancestrales… nada de eso. Aún no se sabe por qué de la homosexualidad; pero de algo puedes estar seguro: no es una enfermedad y, mucho menos, es contagiosa.

 

 

Tampoco creas que cuando él te diga que es homosexual, significa que tiene SIDA, o que es promiscuo, o que necesita de los tacones para vivir —aunque eso, también, es una elección, no es un virus que se le haya pegado y que con una vacuna quedará sanado—, no es o será un pederasta —pederastas los hay homosexuales y heterosexuales—; tampoco es un delincuente o un mal hijo.

 

Ahora, sin dejar de mirar a tu hijo —con los ojos de tu alma—, respóndete algo ¿si éste hijo mío fuera gay lo respetaría y amaría como siempre lo he hecho cambiaría todo?

 

¿Por qué dejarse llevar por falso prejuicios? Hay muchísima literatura especializada que te hará más fácil éste camino, un camino que no ha sido nada grato para tu propio hijo.

 

Porque imagínate que si a ti, si te confesara que le atraen los chicos, te es muy difícil, trata de visualizar cómo ha de ser triple o multitudinariamente complejo para él que lo vive a diario, para él que lo es.

 

Para comentar…

 

Sabías que los intelectuales, pintores, inventores, escritores, bailarines, altruistas, entre otros más, han sido homosexuales. Claro, no podemos generalizar esto, pero sí en su mayoría. Quizá tu hijo podría formar parte de ese círculo de personas, o simplemente —pero no de menor importancia— un hombre que ame la naturaleza, que ame su vida de hogar, que les procure de buenos bríos y bendiciones como algún día ustedes se lo dieron… y ¿por el hecho de ser homosexual le negarías la oportunidad de ser feliz, igualmente o mejor que tú?

 

Estoy convencido que el amor que los padres le tienen a sus hijos es mucho más fuerte y valiente que cualquier orientación sexual, para erradicar del camino cualquier obstáculo impuesto por una sociedad que prefiere ver en televisión las guerras o los talk shows que un documental sobre homosexualidad.

 

La sexualidad como tema, aún ha sido polémico por los prejuicios que la misma sociedad ha impuesto a sus integrantes. Mientras no haya una apertura de conocimiento, no se acabarán las discriminaciones, las guerras, las mentiras, la corrupción, la delincuencia, y toda ésa podredumbre que nos castiga día con día.

 

 

IMPORTANTE: Copyright © 2008 Israel Mendoza Torres. La columna ‘Cardinal’, así como El logotipo y nombre de ‘Cardinal’, están resguardados bajo los términos del Derecho de Autor. Prohibida su reproducción parcial o total sin autorización por escrito de su autor.

 

© La vida no es más que el fruto de lo que vamos construyendo. No hagamos lo que no queremos que un día nos hagan a nosotros; porque el tiempo es sabio y pone todo en su lugar, tarde o temprano. . . No hagamos sexo por el simple hecho de hacerlo; porque las enfermedades serán la peor consecuencia… La mejor arma contra la ignorancia es la lectura; aprendamos a leer más para ampliar nuevos horizontes en nuestra mente…

 

 

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¡Hasta la próxima!

 

 
 
 
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