CARDINAL®, Responsabilidad y Compromiso Fundamental
 

Columna 037:
Objeto de asechanzas violentas verbales

 
 
 
CARDINAL®, Responsabilidad y Compromiso Fundamental
 
Por: Israel Mendoza Torres.
 
 

El sábado 31 de enero de 2009 visité a mis papás como regularmente lo hago. Ellos han respetado mi condición homosexual desde hace seis años (aproximadamente) que revelé lo, muchas veces, impronunciable en las familias.

 

Pues bien. Salía de su casa. Mi mamá, tan amorosa, me despide hasta la puerta de salida (para las mamás, los hijos siempre serán una prioridad de protección, sea la edad que tengamos).

 

Avancé unas cuantas casas; mi objetivo era llegar a la avenida y abordar un taxi. Justamente enfrente de la tercera casa, pude percatarme de la reunión de los vagos y delincuentes de la cuadra, como es costumbre de éste tipo de sujetos.

 

No tomé mucha atención, porque nunca tienen nada productivo que hacer —desde que tengo uso de razón, así ha sido—.

 

Caminaba concentrado en alcanzar un taxi disponible, pues ya el tiempo corría apresurándome para no acudir tarde a mi cita. Una voz a gritos pronunció: “puto”.

 

Nadie había en la calle más que ellos y yo. El coraje se apoderó de mí. Volví la cabeza para saber qué barbaján había pronunciado tan ignorante y estúpida palabra. Reconocí la voz cuando miré al patán. Él escondía la cabeza hacia la dirección opuesta a mí, cual nefasto cobarde. ¿Quién resultó ser el puto?

 

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Se llama Luis. Siempre le han dicho “Huicho” por obvias razones costumbristas. No estudia. No trabaja y siempre está en la calle con unos o con otros. Su familia prefiere que se salga a la calle desde temprano a tenerlo como un estorbo. Mucha de la gente de éste fraccionamiento lo reconoce como ‘un bueno para nada’. En muchas de las ocasiones a sido objeto de acusaciones anónimas de participar en robos y vandalismo.

 

Y digo que me dio coraje, porque lo gritó en la compañía de tres tipos más, quienes rieron en complicidad. Eso siempre ocurre. Cuando están en conjunto con otros iguales, la valentía se apodera de los cobardes. Sin embargo, al encontrarse solos, no les queda más que agachar la cabeza. Y éste individuo es asiduo seguidor de éstas acciones.

 

A veces no tomo importancia de quienes no aportan nada bueno y productivo a éste mundo lleno de violencia y crueldad. Sin embargo, creo que nadie tiene el derecho a insultar a las otras personas sólo por el hecho de no ser como los demás.

 

Pues bien, yo podría insultarlos cada vez que los mire tomando cervezas en la vía pública, o cuando el viento distribuye el olor de la marihuana que fuman, o cuando se centran en una esquina a ver que pase el tiempo. No obstante, soy un hombre con preparación académica continua y, sobre todo, respetuoso de la diversidad humana. Y por ello exijo el mismo respeto para mi persona.
 

A un joven lo han golpeado fuertemente, le comentaron a mi mamá. La razón era tan estúpida, ignorante y simplona como el que el joven allá volteado a ver a los vándalos cuando se encontraba en la misma tienda que ellos.

 

Lo dejaron inconsciente los muy cobardes. Desconozco si tuvo consecuencias graves en su salud. No, no era homosexual (al menos nunca lo mencionaron). Pero si eso le ocurrió a él, que sólo volteó, ¿qué podría esperarse de un homosexual como yo, o como cualquier de los que seguimos una orientación sexual distinta a la heterosexual?

 

¿Cómo podría enfrentarme a ese cobarde que se resguarda en los insultos ocultos, en el vandalismo con armas y drogas, en la improductividad que tanto daño le hace a nuestro país, en su familia que no deja de ser su espejo y su escudo? La impotencia es a cántaros.
 

Qué pasaría si acudo con las autoridades del municipio en el que viven mis padres.

 

 

Absolutamente nada. Se reirían en la misma cantidad que la impotencia que ahondó en mí. Porque ya hay testimonios reales de la golpiza que los mismos policías le propinaron a una pareja de lesbianas. Simplemente las amenazaron y tuvieron que irse del lugar donde vivían.

 

Para mí, es deshonroso, denigrante, vergonzoso ver a individuos que viste el uniforme de la policía y sólo sean unos corruptos, abusivos, nefastos y prepotentes. Eso sí es motivo para ser señalados, no por ser homosexuales.

 

Las autoridades se convierten en cómplices de éste tipo de agresiones que sufrimos los homosexuales al no aprehenderlos. Si la policía funesta en otros asuntos, más aún cuando se trata de los asaltos a la integridad de los homosexuales, que también somos ciudadanos mexicanos.

 

Porque lo menos que habría podido hacer es enfrentar a mi cobarde agresor. Sin embargo, tendría un resultado mucho mayor en negativo para mi persona. Y qué necesidad tiene una persona de “revolcarse a golpes” con alguien que no merece ni siquiera la pena.

 

Soy comunicólogo, periodista y escritor. Nunca le hecho mal a nadie; al menos no intencionalmente. Soy buen hijo. Continúo preparándome en el ámbito de las comunicaciones. Escribo para ocho revistas. Tengo un currículum respetable. Tengo una pareja sólida. Y soy objeto de agresiones de quien no espera nada de la vida más que violentar y robar a las demás personas.

 

Es verdaderamente una más de las tantas injusticias volcadas en quienes tenemos la inclinación afectiva y sexual hacia nuestros iguales de sexo.

 

Cuando ocurren las embestidas tan necias como la que fui objeto (y muchos de los que ahora me leen), me pregunto ¿Por qué si uno es productivo en la sociedad tenga más peso las agresiones de quien sólo es considerado una lacra en todos los sentidos? Porque somos homosexuales es la respuesta ignorante que muchos emitirían.

 

 

Sin comunidad homosexual aún

 

Como no existe una comunidad realmente establecida entre nosotros para defendernos, nos sentimos vulnerables ante éstos ataques. Si todos fuéramos tan unidos como para una fiesta o antro, otra situación se dibujaría ante nosotros.

 

No, no estoy sugiriendo atacar la violencia en contra de la violencia, simplemente:

 

v  Dejar de hacer marchas por el simple hecho de hacerlas. Que existan marchas de información, de vinculación social y exigencia de respeto.

 

v  Dejar de vernos como objetos, y empezar a sentir verdaderamente seres humanos.

 

v  Dejar la discriminación entre nosotros. Más valen los conocimientos, aptitudes y virtudes de un homosexual que la ropa fashion, los peinados, el dinero en sí.

 

v  Dejar de utilizar todas esas banalidades como escudo en contra de sí mismos.

 

Les dejo ésta reflexión para que, juntos, pensemos si queremos seguir viviendo en la hostilidad. Pero para ello, necesitamos quitarnos de nosotros la hostilidad misma. Tenemos que despertar de ese letargo que nos aprisiona y nos hace mucho más vulnerables ante la sociedad y ante nosotros mismos.

 

Y cualquiera que sea su denuncia háganla, porque no podemos quedarnos callados ante las miserables injusticias que son inclinadas en nuestras personas, lo pueden hacer el blog:

 

 

IMPORTANTE: Copyright © 2009 Israel Mendoza Torres. La columna ‘Cardinal’, así como El logotipo y nombre de ‘Cardinal’, están resguardados bajo los términos del Derecho de Autor. Prohibida su reproducción parcial o total sin autorización por escrito de su autor.

Blogs del autor:

 

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© La vida no es más que el fruto de lo que vamos construyendo. No hagamos lo que no queremos que un día nos hagan a nosotros; porque el tiempo es sabio y pone todo en su lugar, tarde o temprano. . . No hagamos sexo por el simple hecho de hacerlo; porque las enfermedades serán la peor consecuencia… La mejor arma contra la ignorancia es la lectura; aprendamos a leer más para ampliar nuevos horizontes en nuestra mente…

 

 

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¡Hasta la próxima!
 

 
 
 
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