CARDINAL®, Responsabilidad y Compromiso Fundamental
 

Columna 044:
La justicia de mano con la ignorancia

 
 
 
CARDINAL®, Responsabilidad y Compromiso Fundamental
 
Por: Israel Mendoza Torres.
 
 

Hablar de valores y virtudes dentro de una persona o un círculo social, es como hablar de la belleza. Para algunos los valores son necesarios y para otros no; o para unos, los valores son formas disímiles de ver el mundo, mientras que para otros, es lo que hace buena o mala persona a alguien.

Pero cuando nos situamos dentro de uno de esos valores, es aún más polémico hablar de él. En el caso particular de la justicia, podríamos decir que no para todos tiene el mismo significado.

 

De una forma más extendida, justicia, como concepto de diccionario, es una virtud que nos hace dar a cada cual lo que pertenece.

 

Es decir, dar a alguien lo que le corresponde, ni más ni menos; y es cuando se dice “darle lo justo” o “ser justo con él”.

 

Hoy en día, en donde vivimos a diario un mundo más globalizado, más superficial y materialista, la justicia solo es parte de una careta hipócrita que se muestra a la población. La justicia de hoy día no tiene dos o tres caras, tiene muchas más.

 

La justicia se ve y se aplica conforme a los intereses de unos cuantos. Y eso es un grave error.

 

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Por ejemplo, en países de medio oriente, es justo que si una mujer comete adulterio tenga que ser castrada o sentenciada a la pena de muerte; lo que no ocurre con los hombres. Mientras que en la mayoría de los países de América, Europa, e incluso Asia, al tratarse de bigamia, lo que procede es el divorcio, y el clásico ‘dedo señalador’ —extendido por los que creen que nunca en la vida han cometido un error—.

 

En casos aún más extremos, en lugares como Afganistán, Israel o Palestina, es justo que si Dios les dice que alguien ‘muera en su nombre’ colocándose un artefacto explosivo sobre su cuerpo, haciéndose explotar en el sitio enemigo, lo tienen que hacer, pues es un mandato ‘divino’. Ante ello, argumentan que si Dios murió en la cruz por nosotros, es justo pagar de la misma forma, demostrándole así, incondicional amor.

 

La pena de muerte es parte de la ‘justicia’ de los Estados Unidos de Norteamérica; sin embargo, para muchos, éste castigo no nos corresponde a nosotros imponerlo. Es lo mismo que sucede en México, el gobierno insiste en decir “es justo que pagues lo que consumes mediante los impuestos”; aunque el gobierno no sea justo con los ciudadanos. Y no es lo mismo juzgar a un negro que a un blanco en Estados Unidos.

 

Todo esto, es cómo las diferentes culturas mundiales ven una sola cosa de manera distinta. Pero si esa disímil forma de enfocar las situaciones estuviera dirigida hacía el bienestar de la sociedad mundial, seríamos otra civilización; una civilización realmente madura y progresista.

 

Sin embargo, la disyuntiva de lo bueno y lo malo de ser justo, en cuestión de un amigo o alguien que no lo es, resulta ser poco honesto.

En el caso de las relaciones de trabajo, si un individuo no es del agrado tuyo, es probable que cuando sepas que cometió un error y pregunten “¿quién fue?”, inmediatamente dirás que él. En tanto, dentro de la misma situación, solo que ahora tratándose de un amigo o persona afín, la respuesta resulta ser distinta “no lo sé, no vi quién fue”.

 

Es decir, que la justicia la tomamos de una manera conveniente, dirigida a favorecer a quienes creemos que la merecen, obviamente, hacia las personas que queremos de una u otra forma. Sin embargo, ¿quiénes somos para sentenciar o para decir “tú la mereces y tú no”?

 

En el ámbito familiar, si la mamá descubre a su hijo tomar algo del súper mercado y llevárselo sin pagarlo, el hecho solo termina en un regaño y a decir: “no lo vuelvas a hacer hijo”. No obstante, si la misma señora ve a otro individuo tomar algo, inmediatamente da parte a las autoridades correspondientes.

 

 

Entonces, la justicia la vemos y manejamos hipócritamente, siempre gobernada a nuestros intereses o de los que queremos.

Hoy por hoy, creemos que ser justos es apuntar o señalar lo que para nosotros es malo, sin importar si los demás lo perciben de la misma manera. Esto es cuando se odia más a un homosexual, por su propia orientación sexual, que a un delincuente. La justicia se implementa de acuerdo a cómo te ven.

 

Si un homosexual solicita un empleo, en donde decenas de prospectos se encuentran ahí. La probabilidad de quedarse con la vacante es mínima para quien no es como el resto de los solicitantes. “Si de veras llegásemos a poder comprender, ya no podríamos juzgar”: André Malraux, novelista francés.

 

En el caso particular de nuestro país, no creo que podamos jactarnos ante los demás de justos. Las leyes están hechas para el bienestar de unos cuántos.

 

Sin embargo, si un automovilista cualquiera hubiera infringido dicha disposición, la multa no se hubiera hecho esperar —y aunque le conozco desde hace un par de años, señor Gobernador, ahora le tocó a usted. Hay que poner el ejemplo para que los ciudadanos cumplan y no se quejen de que el gobernador sí y todos los demás no. Además las leyes tienen el deber de ser justas para todos. Ni modo, hay que informar con claridad y objetividad. Aprovecho para enviarle un fuerte abrazo—.

 

Los comerciantes ambulantes del zócalo y sus inmediaciones, alegan que es ‘justo’ que si no encuentran empleo, ellos mismos se generen una fuente de ingresos. En eso estoy totalmente de acuerdo. Sin embargo, como tapiz están sobre las aceras. Los transeúntes tienen que zigzaguearse entre los puestos para poder caminar, porque no hay libre acceso. Entonces la reflexión es: “el derecho es de todos. Pero, tú derecho termina cuando comienza el de otro”.

 

La justicia, para ser nombrada como tal, tendría que ser regentada, de una forma equitativa, para todos, amigos o no, familiares o los que no lo son, homosexuales o no, pobres o ricos, guapos o feos... Es muy difícil aplicar la justicia verdaderamente, pero, solo de esa forma podríamos llamar a las sociedades de éste mundo como democráticas, honestas y maduras.

 

 

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© La vida no es más que el fruto de lo que vamos construyendo. No hagamos lo que no queremos que un día nos hagan a nosotros; porque el tiempo es sabio y pone todo en su lugar, tarde o temprano. . . No hagamos sexo por el simple hecho de hacerlo; porque las enfermedades serán la peor consecuencia… La mejor arma contra la ignorancia es la lectura; aprendamos a leer más para ampliar nuevos horizontes en nuestra mente…

 

 

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