CARDINAL®, Responsabilidad y Compromiso Fundamental
 

Columna 048:
Prudencia: ¿cuándo hay que hablar y actuar?

 
 
 
CARDINAL®, Responsabilidad y Compromiso Fundamental
 
Por: Israel Mendoza Torres.
 
 

Los valores dentro de una sociedad suelen tener, en el grueso de ella, la misma jerarquía en cuestión de importancia.

 

Lo cierto, es que de manera personal, no siempre están situados en el mismo orden; y eso, no significa que sea una persona inmoral, o mala para la sociedad, es cuestión de cultura familiar, etc.

 

Los valores corresponden a lo que hace bien a una persona y de manera colectiva, en sociedad.

 

El valor es aquello por lo que una persona es digna de estima. Principio ideal que sirve de referencia a los miembros de una colectividad para basar sus juicios y fijar su conducta.

 

La virtud es un valor moral que se considera diferente a los otros, pues es una cualidad que tiende a realizar actos hacia un perfeccionamiento total, y se adquiere a través de la normatividad moral y la predisposición para obtenerla [Programa Educativo Millennium].

 

La virtud, a su vez, se divide en: naturales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), sobrenaturales (fe, Esperanza y Claridad), Intelectuales (ciencia, arte, sabiduría e intuición) y morales (justicia, fortaleza, templanza y prudencia). Esta vez abordaremos esa parte tan incomprendida: la prudencia.

En algún momento, Alejandro (mi compañero sentimental) y yo nos encontrábamos comiendo en el restaurante del ‘Gran Hotel de la Ciudad de México’ —bellísimo lugar— cuando una pareja de estadounidenses adentraron al lugar.

 

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Mientras nosotros esperábamos a que el mesero se dignara a tomarnos la orden, conversábamos un poco sobre nuestras cosas. Cuando de pronto escuchamos gritos. Una de las personas de origen norteamericano, le reclamaba al mesero su falta de atención y servicio. Cuando el mesero llamó al capitán del restaurante y le dijo que le estaban insultando.

 

Finalmente, las dos personas abandonaron el lugar amenazando con no cubrir la cuenta. Elementos de seguridad lo invitaron a pagar lo consumido, mientras que el mesero en cuestión gritaba “si quieren que no paguen, lo pago yo”.

 

—¿¡Cómo…!? Me preguntaba y admiraba (al mismo tiempo). Qué prepotencia la de los señores que no se portaron muy bien (que en cierta parte los justifico, porque el servicio estaba lentísimo), y qué soberbia del fanfarrón mesero—. Alejandro me decía que “ninguno de ellos tuvo la prudencia que se requería para resolver el conflicto”.

Y es cierto, nadie quiso quedarse callado. Todos querían tener la razón. Para lograr ser prudentes se tiene que madurar. Se debe ser justo y objetivo. Equiparar la situación para así llegar a una solución en la que ambos ganen.

 

 

No podemos ser siempre como unos chiquillos a jugar a “si él me dijo, yo también le digo” o “ahora no me voy para darle en la torre”. Porque bien, esa riña pudo llegar hasta los golpes (innecesariamente).

 

Bien le decía el Quijote a Sancho “No huye el que se retira; porque has de saber, amigo Sancho, que me he retirado, no huido; y en esto he imitado a muchos valientes, que se han guardado para tiempos mejores, y de esto están las historias llenas”.

 

La disyuntiva de ser prudente

 

Regularmente, o en algún momento de nuestras vidas, nos hemos hecho una infinidad de cuestionamientos acerca de la prudencia, como pudiera ser: “¿por qué me callé?”, “¿debí haberlo dicho antes de que ocurriera esto más grave?

 

Prudencia es templanza, cautela, moderación. Sensatez, buen juicio. Una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello [Diccionario Esencial de la Lengua Española. Real Academia Española. Espasa Calpe S.A. de C.V.].

 

Hablar de prudencia es hablar de un sin número de ejemplos que podemos vivir en nuestro entorno personal o social. Sin embargo, situándolo en un aspecto laboral, hablemos de las relaciones de trabajo.

 

Ocurre habitualmente, cuando un empleado sabe que el proyecto de ventas al que le dio el banderazo de salida su jefe, no es el más correcto, o el que no les dejará ganancias a corto plazo. Pero llega la disyuntiva de decirle que no sería la mejor idea, que optarán por la alternativa del otro empleado que presentaba un proyecto ‘estrella’. O simplemente callar y no hacer enojar al jefe, que por cierto, tiene un carácter muy fuerte y pesado.

 

 

Y esto da la oportunidad al empleado de estructurar un futuro mental, verdaderamente incierto, pues surgen otros cuestionamientos como “¿… si le digo, y si se enoja? ¿Va a pensar que lo estoy contradiciendo en las decisiones que ha tomado? ¿Creerá que me le estoy subiendo a las barbas?”.

 

La prudencia en estos casos siempre resulta ser contradictoria, pues posiblemente el jefe le agradecerá que lo haya sacado de su error, antes de tener una perdida importante de dinero y esfuerzo. Por otra parte, si es de los jefes que han mantenido la ‘leyenda’ de ‘el jefe nunca se equivoca’, pues será difícil sacarlo de una decisión que ya tomó.

 

Lo que se tendría que hacer es ser prudente en ciertos casos, pero nunca cuando está de por medio el mal de otras personas. Para hablar con prudencia, siempre se tiene que hacer con mucha precaución, o como comúnmente se le llamaría ‘escanear el aeropuerto antes de aterrizar el avión’.

 

Y ya en extremos de vida personal, pues es muy difícil decir que la prudencia es mala o buena, o simplemente inútil. En estos casos, solo por citar un ejemplo, serían las parejas conflictivas (con problemas constantes que no se quieren resolver). Si a un individuo no le gusta algunas acciones que realiza su pareja (novio (a), esposo (a)) no se las dice, según, por ‘prudencia’, pero eso no es ser prudente. Real y contundente sería una actitud de inseguridad: “es que si le digo se va a enojar y ¿qué tal si me deja?”.

En una relación de pareja, ya sea de noviazgo o de matrimonio (incluyendo también las amistosas) la comunicación es de suma importancia, no se tiene que soportar ciertas cosas por miedo a la soledad, o al enojo del otro.

 

Cuando se dice lo que le gusta o desagrada es sinónimo de que hay confianza de decir las cosas tal y como son, sin reprimirse por quedar mal. Obviamente, el respeto o tacto al decir las cosas son formidables antes de hablar. Pero no debería de existir el miedo a decir lo que siente uno y el otro; porque antes que nada existe un compañerismo.

 

 

En muchos de los casos, los homosexuales (sin ser el caso único), creen que el besarse dentro del metro, en el parque, escuela o trabajo es decirles a todos “mírenme soy como quiero ser; me valen ustedes”. Como un acto de amor y de hacer válido el derecho que TODOS tenemos para expresar nuestros sentimientos, es legítimo.

 

En muchos de los casos, los homosexuales (sin ser el caso único), creen que el besarse dentro del metro, en el parque, escuela o trabajo es decirles a todos “mírenme soy como quiero ser; me valen ustedes”. Como un acto de amor y de hacer válido el derecho que TODOS tenemos para expresar nuestros sentimientos, es legítimo.

 

Sin embargo, se hace sólo por ver cómo se molestan las personas que van dentro del vagón del metro, para burlarse de los demás con el fastidio que pudiera ocasionarles, me parece de lo más patético e infantil. Como bien lo apunto, si el besarse sólo indica el sentimiento que provoca en los involucrados, ya sea en público o en privado, pero que sea por la razón que los une, no por hacer molesta dicha acción a la demás gente.

 

En otro aspecto, si se trata de no decir lo que se piensa en el momento de ver una agresión física, verbal o psicológica (llámesele discriminación por orientación sexual, género, o discapacidad, etc.), es no querer hacer nada para que mejore nuestro país, nuestro mundo. Es hacernos cómplices de dicha agresión.

 

Posiblemente no se diga nada ante el miedo de meterse en un problema que no generó, pero, qué mayor miedo puede tener cuando la unidad de todos está presente, dicen por ahí que ‘la unidad hace la fuerza’ y es muy, pero muy cierto y real.

 

 

Si no te parece el trato que una persona, o grupo de personas, ejerce sobre otra u otras, reclámalo. Porque todos tenemos derecho a ser tratados con dignidad. Y quienes sobajan dicha dignidad es porque se asumen cobardes, y esas actitudes viles los hace sentirse con valor.

 

Recordemos que las cosas se dan como se fueron pedidas (aunque se den o se digan de una manera cordial, no siempre son recíprocas; pero ya no queda en uno, sino en la otra persona) y así, de igual manera, mantendremos una sociedad cada vez más justa.

Sé que los valores son utilizados para mantener una sociedad hipócrita y llena de mascaras; pero como personas y seres humanos, esos valores nos pueden cambiar la vida, al menos para ser mejores.

 

Los valores no son para agradar a las demás personas, sirven, entre otras cosas más, como el vínculo más cercano entre el respeto y la dignidad de cada persona.

 

 

IMPORTANTE: Copyright © 2009 Israel Mendoza Torres. La columna ‘Cardinal’, así como El logotipo y nombre de ‘Cardinal’, están resguardados bajo los términos del Derecho de Autor. Prohibida su reproducción parcial o total sin autorización por escrito de su autor.

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© La vida no es más que el fruto de lo que vamos construyendo. No hagamos lo que no queremos que un día nos hagan a nosotros; porque el tiempo es sabio y pone todo en su lugar, tarde o temprano. . . No hagamos sexo por el simple hecho de hacerlo; porque las enfermedades serán la peor consecuencia… La mejor arma contra la ignorancia es la lectura; aprendamos a leer más para ampliar nuevos horizontes en nuestra mente…

 

 

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