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Columna 083:
La exigencia es mayor que la disposición a dar

 
 
 
CARDINAL®, Responsabilidad y Compromiso Fundamental
 
Por: Israel Mendoza Torres.
 
 


Durante estas semanas en que las inconformidades, ante las elecciones electorales, se han manifestado de diversas maneras, surgen nuevos cuestionamientos sobre nuestro actuar en la vida misma, en nuestra cotidianeidad, en nuestras familias, escuelas, reuniones, centros de trabajo, en nuestra comunión con la demás gente.

 

Gente que, por razones lógicas y genéticas, tenemos memorias disímiles de ver la vida. Una vida que, lejos de cualquier idealismo astrológico o religioso, es única e inalienable.

 

Cada razón, lógica o no, podría parecernos descabellada y poco coherente. Sin embargo, somos (todos) un inmenso universo de ideas, pensamientos y acciones. Y no necesariamente son permeables para una comunión entre los demás.

 

Recuerdo la frase que me dijera el escritor italiano Carlo Coccioli, en la primera entrevista que me diera (y se extendiera  más de dos horas), “siempre hay un orden, no importa cómo pensemos, pero hay un orden para que todos vivamos en paz”.

 

Fotografías: 1: © Ros / 2: © Market of Domains / 3: © Desconocido /

Todas las fotografías fueron tomadas de internet.

 

Y así, como ese orden, la sociedad en general hemos perdido cualquier proporción de lo que son los derechos y obligaciones. Donde se exige en demasía los derechos constitucionales, humanos… pero se hace a un lado la responsabilidad ante los demás.

 

Es bien cierto que a todo derecho le proviene una obligación y a la inversa. Y “el buen juez por su casa comienza”, pero el olvido soberbio y ventajoso hacia las obligaciones que tenemos para amparar una sociedad tranquila y productiva prevalece.

 

No tiene que ver con la vida costumbrista o liberal (clásica o contemporánea) en nuestras enseñanzas, porque en ambos casos no se han implementado mejoras una para la otra. Si los cimientos de una edificación falla, es inminente la caída de la construcción, a corto o largo plazo. Si la educación histórica de cada familia, de cada sociedad fuera sublime y sólida no tendríamos un presente violento… es cierto, no todas las familias tienen tantas carencias culturales y de educación como otras, pero como sociedad sí las poseemos en demasía.

 

En tanto, el respeto no ha tenido el peso suficiente para soportar nuestra educación, nuestra familia, nuestra sociedad.

 

Las miles de manifestaciones que han surgido y que emergen bajo la estela principal de la defensa a los derechos ciudadanos de tal o cual sector, se han convertido en una muralla cada vez más cotidiana que comienza a destruir el derecho de los demás. Y entramos en una contradicción en la defensa que ellos persiguen y la encarcelación de los derechos de quienes no estamos sumados a las protestas.

 

La médula de estas reflexiones no es la beatificación o crucifixión de nadie, es la contradicción existente entre la protesta por las vejaciones sufridas a los derechos laborales, electorales o humanos y, las obligaciones que todos tenemos con el resto de las personas, con nuestro empleo, con nuestra familia, nuestros hijos, nuestros padres, nuestros amigos, nuestros vecinos… ¿realmente estamos colocando en su justa dimensión ambas partes?

 

Veámoslo desde la raíz de todo: la educación, el núcleo donde se nos imparte ésta, que es la familia.

 

Algunas personas creen que la culpabilidad es completamente del gobierno. Y en parte sí. Pero dónde queda nuestra responsabilidad única como individuos, como portadores principales de valores que debemos, por derecho y obligación naturales, transmitir a las generaciones adyacentes, bajo un método consecutivo, pero maleable a ser mejor conforme a las necesidades del presente y el futuro.

 

 

El derecho de todo ser humano es la educación –aunque va escoltado de otros indispensables, creo que este es el más importante y que da pauta para conseguir el resto–, y la cuna de éste es, sin duda, la que brinda la familia, siempre en comunión con la asertividad –proteger nuestros ideales pero con argumentación y, siempre, escuchando los de los demás para llegar una solución–, para que exista una sana convivencia y se muestren derechos y obligaciones por igual.

 

Hoy en día la “culpa” la hemos depositado en el vecino, en el profesor, en el funcionario público, en las autoridades legislativas y judiciales, en las malas influencias… pero, en dónde queda nuestra co-responsabilidad, la que nos toca, la que debemos transmitir a través de la experiencia (errores y aciertos) y para un mejoramiento familiar, social y, sobre todo, individual.

 

Entonces, por qué manifestarse nada más por las cuestiones políticas y no nos sentamos en familia, con los amigos, o los vecinos para platicar y darle soluciones a cada uno de nuestros problemas. Para que esos problemas no traspasen, transmuten y se inmunicen en la sociedad con el paso del tiempo. Esos conflictos instalados en la sociedad son los que nos aquejan hoy, pero también mañana y jamás podremos rompen ni un solo eslabón como sucede ahora.

 

 

Comencemos por conocernos y respetarnos, pero sobre todo, darle el equilibrio que se merecen en nuestro entorno los derechos y las obligaciones –si yo me quejo de las inundaciones, por qué me he vuelto cautivo al tirar basura en las calles; o, si me quejo de tanta humillación y discriminación por mi preferencia sexual, por qué excluyo a otros por su forma de vestir o hablar; me quejo de la burocracia tan nefasta en este país, pero todo lo dejo hasta el último minuto del plazo señalado con anticipación; me quejo de que no hay empleo, pero no salgo a buscarlo todos los días hasta encontrarlo […]–.

 

Aprendamos a respetarnos e informarnos correctamente para no alimentar más la ignorancia que ha vuelto los problemas sociales y de identidad cada vez más indisolubles.

 

 

IMPORTANTE: Copyright © 2012 Israel Mendoza Torres. La columna ‘Cardinal’, así como El logotipo y nombre de ‘Cardinal’, están resguardados bajo los términos del Derecho de Autor. Prohibida su reproducción parcial o total sin autorización por escrito de su autor.

 

© La vida no es más que el fruto de lo que vamos construyendo. No hagamos lo que no queremos que un día nos hagan a nosotros; porque el tiempo es sabio y pone todo en su lugar, tarde o temprano. . . No hagamos sexo por el simple hecho de hacerlo; porque las enfermedades serán la peor consecuencia… La mejor arma contra la ignorancia es la lectura; aprendamos a leer más para ampliar nuevos horizontes en nuestra mente…

 

 

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